el tren de las IAs

El tren de las IAs

Después de muchos meses dando charlas, talleres, conferencias, mentorías, sobre IAs, me he dado cuenta de que a la hora de hablar de Inteligencia Artificial, no se tiene en cuenta un factor muy importante, la Velocidad de la persona.

Y es que cuando me encuentro delante de un grupo, veo que cada una está en un momento diferente:

  • Personas que siguen en el andén sin entender nada de las IAs, solo lo que ven en los carteles publicitarios: YouTube, TikTok, TV, etc. Pero ya se creen expertos y opinan.
  • Personas que van en un tren a carbón: Ya usan las IAs, en verdad han usado ChatGPT gratis para preguntarle cosas. Normalmente preguntas poco estructuradas, por llamarlo finamente, y les devuelve resultados poco estructurados.
  • Personas que van en un tren más moderno: Ya emplean Herramientas de IA, y digo herramientas.
  • Personas que van en un tren de alta velocidad: Usan herramientas, han entendido los sesgos personales, la problemática de la caja negra de las IAs, y se preocupan por configurar bien las preguntas y por analizar los resultados con sus conocimientos. En este tren es en el que viajo yo ahora mismo.
  • Los que de verdad saben de IAs, los expertos: Estos no viajan en ningún tren, ya viven en el planeta de las IAs, y de estos me he encontrado con casi nadie, yo tampoco vivo en este planeta, no me considero un experto.

La problemática de todos los encuentros de IAs

Cuando te enfrentas a una audiencia de más de 1 persona, pues ya te afecta esta ecuación, ya te das cuenta en qué tren viaja cada uno, a velocidades muy diferentes, y al final tienes que hacer juegos de magia para entrenar a los asistentes, pero la diferente velocidad de cada uno ya crea una distorsión.

Se me ha ocurrido representar la ecuación de esta forma:

ecuación de velocidad de las personas y las IAs

Propuesta de fórmula y ponderaciones

Hay que tomar en cuenta que estos valores no son todo iguales, algunos tienen más peso y otros menos, he decidido darle estos pesos:

  • α,β,γ,δ\alpha, \beta, \gamma, \deltaα,β,γ,δ: ponderaciones relativas a cada velocidad.
  • Ω\OmegaΩ: índice compuesto de desequilibrio adaptativo o presión evolutiva del presente.

Ponderaciones sugeridas (puedes ajustarlas a tu visión):

  • α=0.25 – la vida avanza rápido, pero está mediada por cultura, hábitos, instituciones.
  • β=0.20 – internet marca el ritmo pero depende del acceso y uso individual.
  • γ=0.40 – la IA está creciendo exponencialmente, es el factor más disruptivo.
  • δ=0.15 – el cerebro humano progresa en su comprensión, pero a ritmo más lento.

Mejorar la fórmula

Le podría haber puesto muchas más variables, pero la idea no es encontrar una fórmula perfecta, la idea es explicar que en una audiencia, en un grupo de trabajo, o en un taller sobre Inteligencia artificial, cada persona tiene un valor diferente de velocidad, y esto hace al final que todo descarrile, en sentido figurado, y tienes que adaptarte al tren más lento para que tenga éxito.


Interpretación final de los datos simulados

Al final, si quieres saber en qué tren viajas, y no estás en el andén, podemos sacar esta conclusión.

  • Si Ω>0\Omega > 0Ω>0: la velocidad del entorno supera nuestra capacidad de comprensión/adaptación.
  • Si Ω≈0\Omega \approx 0Ω≈0: estamos equilibrados entre lo que cambia y lo que entendemos.
  • Si Ω<0\Omega < 0Ω<0: estamos entendiendo más rápido de lo que el mundo cambia (raro pero ideal).

No hay ningún rigor científico

Esta ecuación no pretende tener una utilidad científica inmediata ni aspira a traducirse en un modelo matemático preciso. Más bien, funciona como una metáfora cuantificable de un estado del alma colectiva a los eventos a los que asisto.

Lo que quiero hacer reflejar es el problema no es que el mundo cambie, sino la asimetría entre la velocidad del cambio y la velocidad con la que podemos asimilarlo, eso no es evidente cuando todo el mundo está sentado en una silla, pero que en verdad están viajando a velocidades muy distintas desde el minuto uno de cualquier taller o trabajo con la IA.

Quizá el mayor desafío no sea crear más tecnologías, sino aprender a convivir con ellas sin perdernos a nosotros mismos en el proceso.

Encontrar un punto de equilibrio entre lo externo y lo interno. Entre lo que corre y lo que comprende. Y tal vez, al observar esa ecuación simbólica, nos demos cuenta de que la velocidad que más importa no es la del algoritmo, ni la del mercado, ni la del software, sino la de nuestra capacidad para detenernos, pensar y recordar quiénes somos en medio de la avalancha.

El problema de las empresas y la IAs

En las empresas se crea «La falsa ilusión del avance en la IA«, cuando las empresas crean equipos que viajan a distintas velocidades

En muchas empresas o entidades, la transformación digital y la adopción de tecnologías basadas en inteligencia artificial se han convertido en prioridades estratégicas. Se crean nuevas unidades, se forman equipos con nombres sugerentes —“innovación”, “datos”, “automatización”, “transformación digital”— y se espera que estas nuevas secciones o equipos, y que comiencen a operar a la misma velocidad desde el primer día. Todo parece ir sobre raíles… hasta que los raíles empiezan a torcerse y los trenes a descarrilar.

El problema no es la intención de cambio, sino la falta de conciencia sobre las velocidades desiguales que coexisten dentro de una misma empresa. Mientras algunas personas avanzan a una velocidad, otras apenas han asimilado lo básico del entorno digital. Y no porque no tengan capacidad, sino porque o siguen en el andén o van en un tren más lento. Se les ha invitado directamente a un AVE cuando aún no han terminado de entender cómo se lee un mapa de estaciones.

La metáfora ferroviaria no es gratuita. En este tipo de procesos, formar un equipo no es lo mismo que construir un trayecto compartido.

Se están montando personas en vagones distintos, sin asegurarse de que entienden el destino, los riesgos, ni las herramientas ni las IAs. Y lo que es peor: muchos ni siquiera comparten la misma noción de viaje. Unos creen que están yendo a una reunión, otros a un cambio de paradigma, otros a una tormenta que deben sobrevivir, otras a ver la herramienta definitiva de IA. El resultado: confusión, frustración y bloqueos invisibles. Ya he visto varios proyectos fracasar y empresarios perder dinero, y no cantidades pequeñas

La implementación de inteligencia artificial en una organización no es solo un cambio tecnológico: es un proceso cultural. Y como todo proceso cultural, necesita tiempo, diálogo, aprendizaje progresivo y sentido.

No se puede exigir rendimiento a un equipo de IA recién creado si no se ha diseñado un trayecto pedagógico que lo prepare. No se puede esperar alineación entre departamentos o personas, si la única razón por la que pertenecen a un mismo grupo es su ubicación en el organigrama, como por ejemplo, departamento de Marketing o de I+D. Dentro de este mismo grupo, las personas van a velocidades distintas.

Cada persona necesita su propio entrenamiento para poder montar en un tren veloz y ayudar a su empresa a introducir las IAs

Lo que debería hacerse, con humildad estratégica, es subir a los equipos en trenes muy lentos al principio.

Trenes que hagan muchas paradas, que expliquen bien el trayecto, que ofrezcan ventanas desde las que mirar con calma lo que está ocurriendo fuera y dentro de la empresa.

Una vez ese trayecto inicial esté bien recorrido, entonces sí: se puede acelerar. Entonces sí: se puede subir al AVE. Pero si se empieza al revés, si se arrastra a todo el mundo a la fuerza en un tren de alta velocidad que no entienden, lo único que se obtiene es vértigo y desconexión.

Crear un equipo no es suficiente, darle un máster tampoco. Integrarlo en un proceso, sí. Porque de nada sirve tener una locomotora futurista si los vagones están atados con cuerdas viejas, llenos de pasajeros confundidos y sin conductor claro. La armonía en la velocidad de comprensión, de adaptación y de propósito es tan importante como la tecnología que se pretende aplicar.

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